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Viviendo en Charneguia

Ha llegado el momento del salir del armario. Sí, lo confieso. He meditado mucho tiempo esta decisión pero creo que ha llegado el momento. Me declaro ciudadano de la República Virtual de Charneguia(*).

A pesar del nombre, no se trata de un estado de Europa del este. La República Virtual de Charneguia es tan virtual que ningún país conoce ni reconoce su existencia, ni tan siquiera muchos de sus habitantes (yo mismo hasta hace apenas unos días) saben que lo son.

Los charnegos somos gente bastante curiosa. Carecemos de estado o nación y en realidad cualquiera de estos dos conceptos, se entiendan como se entiendan, nos la traen bastante al pairo.  Seguramente porque la mayoría de los charnegos y charnegas nos hemos pasado la vida viviendo un esquizofrenia bastante extraña que nos obligaba a elegir constantemente entre nuestras identidades catalana y española. La consecuencia es que hemos aprendido a ir bastante a nuestra bola cansado de sentirnos cual pelotas rebotando entre una identidad y otra.

Antes la revelación de nuestra identidad auténtica, el charnego típico suele decidirse por uno de los extremos (españolista o catalanista) o, de lo contrario, se ve obligado a vagar a medio camino e intentar conciliar sus dos identidades explicando a unos y otros que en general ni los españoles ni los catalanes somos tan malos si se nos coge en un buen momento. La elección da un poco igual porque sea cuál sea su elección al final tiende a sentirse frustrado e incomprendido.

Pero la Constitución Virtual (y modificable) de Charneguia es magnánima en este aspecto. Da igual la elección que hayan tomado sus ciudadanos durante en sus vidas porque en realidad cualquiera que quiera ser charnego simplemente por quererlo, independientemente de su religión, origen, idioma, preferencias sexuales, color de cabello o cualquier otra característica, siempre y cuando se comprometa a respetar y tratar a las personas, sean charnegos o no, como personas y no como clichés o prejuicios y, mucho menos como números.

Los charnegos somos bastante sencilla y con pocas pretensiones. Al final del día lo único que queremos es una vida digna y feliz para todos. Nada más que eso. Por eso, al charnego medio los modelos políticos, siempre que sean democráticos, le dan bastante igual como también la independencia, el federalismo o el estado de las autonomías. Mientras que todo el mundo se respete se lleve bien y esté dispuesto a trabajar juntos y entenderse, lo demás le da igual.

¿Quiere decir eso que los charnegos son hippies o pacifistas? Nada de eso, los charnegos son en general bastante voluntariosos porque al fin y al cabo tienen en ellos lo mejor de la voluntad de trabajo y servicio de las culturas españolas y catalana. Y por supuesto, no quieres ver a un charnego cabreado, somos muy tolerantes pero cuando se nos pierde el respeto, puedes esperar sufrir las consecuencias de la furia y la rauxa todo al mismo tiempo.

Y al final los charnegos sobre todo somos unos optimistas y unos sentimentales que, a medida que ganan experiencia en la vida, descubren que lo mejor es dejar de pelearse y esperar a que tanto los españoles como los catalanes más enconados se bajen del burro y el toro respectivamente y asuman que todo es más fácil empezando desde cero y pensando que todos somos personas. Al fin y al cabo, un burro y un toro juntos pueden hacer muchos kilómetros tirando cada uno de un carro.

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