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Gestionando nuestras incoherencias

Hace algunos años, yo salía de una discoteca de Colonia con unos amigos. Oriol, presa de la nocturnidad y la mezcla de preparados etílicos de carácter diverso, hizo lo que todos hemos alguna vez: acabar con el/la chico/a con el/la que jurábamos y perjurábamos que nunca pasaría nada.

Recuerdo que aquella me acerqué a él y, sonriendo, le dije: “Pero tío ¿qué haces? ¿No decías siempre que no querías nada con Irene?”. él me miró a los ojos y con una amplia sonrisa me contestó “Yo me llevo muy bien con mis incoherencias”.

gestionando incoherencias

Hoy, unos nueve años más tarde, me sigue pareciendo una de las frases más sabias que he oído nunca.

Esta historia viene a cuento de una anécdota personal. hace un par de semanas tuve un partido de fútbol con los amigos del Founders Football. Como me ocurre a veces, me desesperé un poco (el por qué lo dejo para otro post porque me servirá de ejemplo) hasta el punto que he dejado de pasármelo bien.

Al final del partido, Anxo se me acercó y me dijo “tío, si aplicaras todo lo que dices en tu blog…” y luego me ha explicado qué cosas tendría que haberme tomado de otra forma.

Afortunadamente, todos tenemos amigos que nos hacen ver nuestras contradicciones. Y ese es el primer camino para darnos estar un poco más pendientes cuando se producen aquellos comportamientos que deseamos mejorar.

Yo siempre digo que un amigo es “aquella persona que te respeta completamente por lo que eres (no necesita cambiarte), es capaz de decirte lo que quizá no te guste oír y además entiende que no le escuches”. Ese tipo de personas tienen un valor incalculable en nuestras vidas.

En cualquier caso, si alguna vez nos hacen ver una contradicción es tremendamente importante evitar sentirse mal. Una cosa es entender algo racionalmente y otra integrarlo en nuestro comportamiento. Si aceptamos esto, nos ahorraremos que alguien pueda utilizar una incoherencia nuestra para:

1) Hacernos sentirnos culpables (habitualmente recurriendo al chantaje emocional).
2) Colocarse en una posición superior a nosotros que les permite juzgar nuestras acciones.

Si reconocemos que alguien nos corrige con una de esas dos intenciones, estamos en nuestro perfecto derecho de declinar de la forma más educada que podamos (y esto a veces resulta difícil) cualquier consejo o comentario que pueda realizar al respecto.

Antes de acabar este post me gustaría recordar que siempre escribo de cosas que me afectan muy personalmente a mí y nunca me coloco en la posición de creer que yo hago algo mejor que los demás. Unos acertamos en unas cosas, otros en otras. Eso es todo.

Hecha la aclaración me voy a tomar un par de cañas con mis contradicciones a ver qué se explican de nuevo.

Foto: Mirror Egg Reflections de LollyKnit

Publicado en Comunicación

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