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The long tail y los efectos colaterales: la canción del verano

No hace mucho empecé a leer el libro The Long Tail (sí, yo también :D ). Ciertamente, el libro es bastante interesante y desde mi punto de vista expone un hecho incuestionable en la economía actual: Internet con su facultad de diluir espacio y tiempo (el primero es casi infinito, el segundo múltiple porque presente y pasado forman parte del mismo continuo como decía Manuel Castells) permite que aflore una enorme oferta de productos que antes simplemente no “cabían” en los estantes de las tiendas o en las horas de televisión o radio disponibles. Estos productos tienen una demanda que antes no podía acceder a ellos y la tesis de Chris Anderson es que en ese segmento de demanda se sitúa una parte muy importante del negocio total.

Al inicio del libro, para ejemplificarlo habla de la industria musical y de cómo el surgimiento de la “economía long tail” pone punto y final a la era de éxitos de masa para iniciar el reinado de los éxitos de nicho. Las audiencias masivas van perdiendo peso y los grupos de usuarios cada vez con intereses más determinados y específicos lo van ganando.

A todo esto, hoy se me ha cruzado por la cabeza que no me sonaba ninguna canción que pudiera alzarse con el honor (más o menos dudoso) de ser la canción del verano. Claro que, pasándome las horas que me paso metido en mis cosas y mi mundo, es posible que lo haya pasado por alto. En cualquier caso, sí que estoy bastante seguro de que en los últimos años cada vez se ha ido diluyendo más la canción del verano y me preguntaba si sería un efecto secundario de The Long Tail. Ahora que los usuarios vamos descubriendo que hay vida más allá de los 40 principales es posible que ya no nos emocionemos tanto por un superéxito. A saber. En todo caso, yo me pregunto ¿qué pensará Georgie Dan de todo esto?

Publicado en Comunicación

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