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Saber y hacer

¿Puede un filósofo crear una empresa con éxito en Internet?

Esta pregunta tiene un especial interés para mí. Carlos Blanco me ha acusado con frecuencia de “filosofar demasiado”.

Y, de nuevo, le tengo que dar la razón a Carlos porque muchos de mis amigos me dicen que yo, de espíritu, soy filósofo. Me encanta el conocimiento, tanto recopilarlo como distribuirlo y a eso consagro mi vida.

Probablemente, yo podría haberme quedado en el mundo académico y alcanzar un éxito relativo. Siempre me ha gustado transmitir conocimiento y, últimamente, disfruto inmensamente ayudando a los demás a descubrir el conocimiento del que ya disponen.

Sin embargo, recuerdo perfectamente el cuando hace 10 años estabando la universidad y me prometí que nunca me convertiría en un “profesor de manual”, de aquellos que sólo conocen la vida desde la teoría.

Seguramente por eso acabé convirtiéndome en empresario (aunque entonces no recordaba que era parte del plan inicial). Es a través de esta experiencia que he descubierto que saber y hacer son cosas muy distintas. Eso es verdad hasta el punto que hasta ahora, mi vida como emprendedor se podría resumir bastante bien con esta frase: “grandes ideas, pobre ejecución”.

Pues bien, esto me lleva al tema del artículo. Como en tantas otras cosas, me doy cuenta que todos los emprendedores estamos en el camino del “saber hacer”.

Pero vayamos a un ejemplo concreto. Todos hemos ido alguna vez a una charla o congreso. ¿Cuántas veces hemos oído (incluso dicho) la frase “pues no han explicado nada que no supiera”?

Yo creo que tendría que aparecer una nuevo perfil de profesional que se dedicara exclusivamente a hacernos la siguiente pregunta cada vez alguien dice esta frase: “Ya, ¿pero lo estás haciendo?”

Todos (sin excepciones) sabemos siempre lo que tenemos que hacer, pocos son los que lo hacemos. Entre unos y otros hay un montón de “peros”, excusas y de veces en las que repetimos la frase “es difícil”.

Sin embargo, cada vez que me encuentro con empresarios cuyas empresas funcionan suele aparecer la frase: “en realidad es muy fácil”. Sencillamente, te tienes que obligar constantemente a salir de tu inercia o como diría Didac Lee, a salir de “tu zona de confort”.

Pero, ¿cómo superamos la barreras entre el saber y el hacer? .

En realidad es mucho más sencillo de lo que parece. En primer lugar, nos tenemos que recordar constantemente lo que queremos hacer (en otro post hablaré de la utilidad de las checklist).

En segundo lugar, tenemos que obligarnos a evitar las excusas.

El resto es fácil, cuando hagamos suficientes veces aquello que queremos hacer (saber simplificar, escuchar, descansar, saber exigir, valorarnos, delegar, ser humilde, etc.) pasará a formar parte de nuestro comportamiento y ya no tendremos que esforzarnos para conseguirlo.

Fotos:
Querer, hacer de Enrique Serrrano

Publicado en Emprender

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