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Una economía postergada

Esta mañana, me ha sorprendido en la panadería el siguiente titular: “Ser emprendedor es casi misión imposible”.

Me ha sorprendido por el hecho que esta afirmación aparezca en la portada de una publicación gratuita. La realidad que describe me es sobradamente familiar. En estos tiempos donde parece que todos nos empeñamos en alimentar el “mito del emprendedor” (versión Silicon Valley), una afirmación tan contundente despierta la curiosidad.

Leyendo el artículo, he visto que se referían exclusivamente a la cantidad de trámites que hay que realizar para constituir una empresa. En España, afirman, la tramitación para la constitución de una empresa requiere una media de 47 días. Mes y medio, casi nada.

economia postergada
Foto: elbuco

Evitaré el error de comparar este periodo con otros países que conozco. Prefiero quedarme en el reino del sentido común. Si el primer objetivo de una empresa es desarrollar un servicio útil de valor que produzca ingresos y así generar trabajo y beneficios, empezar dedicando mes y medio al papeleo seguramente es empezar con mal pie.

Y aún así, esta parte es tan sólo un pequeño adelanto de lo que se puede encontrar un emprendedor en nuestro país.

Uno de ellos (espero comentar el resto en profundidad), es una cuestión puramente cultural. Consiste en el hábito que tenemos muchos de postergar los pagos por servicios que ya nos han prestado sin ser conscientes que con ello ponemos en marcha un círculo vicioso que afecta a toda la economía.

Como estuve un tiempo en el extranjero, una de las primeras cosas que me sorprendió al montar mi empresa aquí era que prácticamente todo el mundo pagase con retraso. Quizá tuve suerte en otros sitios, pero yo estaba acostumbrado a pagar y a recibir los pagos a los pocos días de recibir o generar la factura.

Para mí tiene sentido, si me compro una pera, la pago al momento. Sería bastante ridículo tener al frutero llamando a mi puerta cada dos días para recordarme que tengo pendiente el pago de una pera. “Por cierto” -me dice el frutero- “si puedes, échale un vistazo a la factura por dos manzanas que tenemos pendiente desde mayo”.

En España, sin embargo, todos queremos jugar al “financiero hábil” sin saber que así nos estamos perjudicando todos. Retenemos los pagos y, lo que es peor, obligamos a nuestros proveedores a tener que enviarnos recordatorios, tarea que además de ser bastante desagradable, consume un tiempo precioso de producción. Nuestros proveedores hacen lo mismo con los suyos y así continúa la rueda hasta el eslabón más débil: el autónomo.

De ese modo, vamos creando una economía postergada. Una economía del “sí ahora me lo miro, te lo pago el lunes”, sin que necesariamente ese lunes sea más que un día simbólico de una semana indefinida.

Lo peor de todo que esta rueda no la inician necesariamente las empresas pequeñas y con menos recursos, sino las empresas e instituciones que, en teoría, tienen más liquidez. Curiosamente, algunas de instituciones y empresas son exactamente las mismas que no cesan de promocionar el “espíritu emprendedor”.

Y aquí es cuando el bonito discurso institucional se encuentra con la realidad verdadera (perdón por el pleonasmo). Mientras por un lado vendemos la bucólica idea del emprendedor / innovador de éxito, en realidad tenemos a la generación más preparada de la historia en una interminable carrera de (innecesarios) obstáculos.

Publicado en Emprender

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