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The long tail y el 2.0 en las librerías

Hoy he llegado al aeropuerto demasiado temprano, es lo que ocurre cuando no conoces bien las conexiones y vuelas con compañías como Clickair de las que no te fías ni un pelo. Como me he pasado dos días casi ininterrumpidamente pegado al ordenador, he creído que sería una buena idea buscar algo impreso aunque sólo fuera para relajar. Todavía mantengo el cielo como uno de esos pequeños santuarios en los que no trabajo más que sobre papel (aunque me temo que esto también va a cambiar pronto).

Nada más entrar en la terminal 2 del aeropuerto de Munich me he encontrado una librería enorme y he pensado “¡ah! seguro que allí hay algo para mí”. Primer error de principiante: nunca entres en una librería como esa sin tener una idea bastante aproximada de lo que quieres, y más si no tienes prisa, porque sino la “ley de Parkison” te va a atrapar inexorablemente (esa que dice que el tiempo que te va a llevar realizar una tarea es igual al tiempo que tienes disponible). Al entrar, centenares de ejemplares de revistas y otros tantos de libros se alineaban en las estanterías amenazantes como un ejército.

Como no sabía por dónde empezar, he trazado una estrategia que al final ha resultado totalmente inútil: miraría en todas las secciones en las que estaba interesado y al final tomaría una elección. Así las cosas, me he ido a la sección de revistas sobre negocio e informática, a la caza de algún ejemplar interesante. Sin embargo (qué mala suerte), justo al lado estaba la sección de revistas sobre historia así que mi atención se ha distraído invariablemente. Resulta curioso ver lo especializadas que pueden llegar a ser algunas publicaciones: “Torneos y cultura en la Europa medieval”, “La vida en la época del Imperio Japonés”. Como soy un indeciso, al final no me he atrevido con ninguno, sencillamente porque desconocía si eran lo suficientemente buenos e interesantes. De vuelta a la sección de negocios, muchas cosas prometedoras pero ninguna que llamara tanto mi atención como para llevármela.”Al fin y al cabo” – pensaba – “para una vez que me pongo a leer que sea algo bueno” (he tenido demasiadas elecciones fracasadas últimamente). De la sección de negocios me he ido a la de ciencia ficción y de allí a la de novela histórica. Conclusión: demasiada oferta confunde. He acabado con un par de libros en las manos que al final he acabado descartando por motivos varios. Tras más de media hora buscando y sin acabar de decidirme he pensado “¡Si tan sólo este sitio tuviera un buen buscador!”.

El siguiente pensamiento ha sido preguntarme hasta qué punto llega mi adicción a Internet y la manía por ser eficiente con la administración de mi tiempo. Sin embargo, un buscador habría resultado de lo más útil. Como no me considero especial, creo que mucha gente se encuentra con el mismo problema y al final seguramente todos recurrimos a la misma solución: irnos de cabeza a la sección de destacados en busca de una apuesta segura. Nuevo problema, la manía de no sentirme especialmente inclinado por los best-sellers. Total que al final he salido de la librería sin nada entre las manos.

The long tail” habla de cómo Internet hace emerger nuevos nichos de demanda que antes no existían sencillamente por falta de espacio físico (hay muchos ejemplares de revistas y libros que no “cabían” en esa librería). Lo que no sé si comenta (todavía no he llegado al final pero imagino que sí) es que Internet además facilita (y mucho) encontrar esa oferta. Ya no estoy hablando sólo de un buscador que te permita encontrar los libros de un autor que ya conoces. La irrupción de la web 2.0 además ha posibilitado además que esos las personas en cada uno de esos nichos de demanda de repente se puedan “recomendar” unos a otros productos independientemente de dónde se encuentren e incluso muchas veces del idioma que hablen.

No estoy hablando sólo de Myspace sino de proyectos puramente comerciales como Amazon que utiliza muy bien este potencial de sus usuarios. Amazon considera los libros que compra un usuario y luego examina las coincidencias para estudiar el grado de interés que pueden tener los lectores de un libro determinado en otro libro similar. Además, ofrece a los usuarios la oportunidad de comentarlos ofreciendo lo que en inglés se conoce como “testimonials” y aumentando nuestra certeza de que nuestro dinero está bien invertido. Pandora (por cierto, acabo de comprobar que han restringido sus servicios a público norteamericano por problemas de licencias imagino) o last.fm funcionan de forma similar con la ventaja añadida de que además nos permiten en muchas ocasiones “probar” el producto. Las recomendaciones ha existido siempre, desde luego, sin embargo no siempre es fácil encontrar a gente con tus mismos gustos y mucho menos tenerlos a tu lado justo en el momento en el que necesitas su sabio consejo.

Con el aumento de la oferta también aumenta nuestro nivel de indecisión a la hora de comprar. Por eso aparecieron los escaparates que hasta ahora nos han ayudado a elegir. También lo hicieron los “40 principales” y . Pero ahora sabemos que hay muchas más cosas de las que antes soñaríamos conocer y a todos nos gusta descubrir algo interesante. Sin embargo, ante tanta oferta nuestro tiempo se reduce cada vez más (recuerdo que de niño me leía absolutamente todo lo que caía en mis manos) y lo que queremos son certezas de que no sólo nuestro dinero, sino nuestro tiempo, están bien invertidos. Hace poco leía en alguna crítica de cine (creo que era sobre “spiderman 3?) que los trailers tienden cada vez más a contarte toda la película y que el objetivo era precisamente ese, que no hubiera sorpresas y supiéramos exactamente lo que nos íbamos a encontrar. Este es nada más que otro efecto de lo que acabo de comentar.

A todo esto y mientras iba pensando, he ido al mostrador y después a la puerta de embarque. Por curiosidad, me he acercado a otra librería, esta vez mucho más pequeña. Este vez simplemente he mirado los expositores. “Si no encuentro nada en cinco minutos me voy”. Afortunadamente esta vez me he encontrado con una edición especial de Der Spiegel esperándome justo al lado del mostrador: “Vivir 2.0, nosotros somos la Red“. Esta vez no he dudado ni un segundo porque Der Spiegel siempre ha sido una garantía para mí. Ahora tengo la revista en el asiento de al lado y estoy a puntito de sumergirme en ella. Veremos si tiene algo interesante.

Publicado en Negocios

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