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Tú eres el primer Capital Riesgo a quien debes convencer

Ayer iba caminando camino al supermercado y de repente me di cuenta de que, por fin, entendía de verdad algo que había oído miles de veces. A veces podemos comprender algo intelectualmente pero entenderlo de verdad significa que esa comprensión empezamos a aplicarla de forma natural.

Volviendo al tema, recordé cuando hace un par de años (quizá algo más) empezaba a ir a First Tuesday y como inversores como Rodolfo Carpintier o Christopher Pommerening repetían que una de las cosas que más valoraban era que el “emprendedor estuviera dispuesto a asumir riesgos él mismo”.

Últimamente, repito con cierta frecuencia que “ser emprendedor y evitar el riesgo son conceptos contrapuestos”. El emprendedor por definición es alguien valiente a quien le entusiasma un proyecto más allá de las dificultades que sabe que va afrontar. Es más, el emprendedor es perfectamente consciente de que se va a enfrentar a momentos difíciles y, a pesar de eso, tiene la determinación de superarlos. El emprendedor de verdad sabe que su proyecto realmente merece la pena y merece la pena esforzarse para convertirlo en realidad.

Si queremos que alguien arriesgue en nuestro proyecto, si realmente creemos que va a tener éxito (y esto es imprescicindible para emprender), nosotros somos los primeros que tenemos que estar convencidos y estar dispuestos a arriesgarnos (ya sea invirtiendo dinero, poniendo en juego nuestra reputación o sencillamente abandonando un puesto de trabajo seguro). Si tenemos dudas nosotros, también las van a tener los demás.

Por el contrario, si creemos firmemente en nuestro proyecto, estamos ilusionados y tenemos la firme determinación de hacerlo funcionar, cada vez que hablemos de él nos “brillarán los ojos”. Y ese es el estado que nos permite comunicar con fuerza y pasión a los demás por qué merece la pena invertir en un proyecto.

El entusiasmo es una pieza básica para hacer que las cosas progresen. El entusiasmo es una fuerza poderosa y es contagioso.

Sin embargo, hay que tener cuidado con un exceso de entusiasmo que nos hagar perder visión de la realidad (y este balance es muy complicado) que nos lleve a tomar decisiones basadas en fantasías. Eduard Punset dice que para que cualquier proyecto funcione, profesional o vital, “hay que entusiasmarse pero sin llegar a perder el control”.

Publicado en Emprender Negocios

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