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Viento

Empujado por el viento de tu sonrisa caí en tu vida, te convertiste en mi perpetuo anhelo. Allí, transportada por el feroz remolino que abandona el hielo, apareciste ante mí. Te presentaste desde mis noches, serena, silenciosa y mágica. Yo todavía no era. Tú has sido siempre. Te movías discretamente pero agitabas un vendaval turbador lleno de luz, capaz de atravesar las tinieblas que todavía me abrazaban. Yo todavía no sabía. Tú has sabido siempre.

Te esbozaste ante mí y yo no supe creerte aún. Tanto frío a nuestro alrededor y tú todo calor, tanta sugerencia de abrazos, de las lunas que nos contemplarán, los cielos que haremos nuestros, los soles que se posarán en tus ojos, que harás míos.

Yo era medio yo y nunca me había dado cuenta. Hablando lenguas extrañas, nos perfilábamos en el final de nuestros inviernos, de nuestros desiertos. Hicimos lentamente nuestra la ciudad derritiendo asfalto bajo nuestros pies y nos divertimos dibujando palabras contra el viento.

Viniste a mí. Y trajiste Oriente, ese algo de perpetuo amanecer, a mi vida.

Publicado en Poesías

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