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Los buenos que dicen “No”

Decir “sí” o, al menos, mantenernos al margen cuando sabemos que algo está mal es demasiado sencillo. Después de todo, los humanos tendemos a enfadarnos cuando somos rechazados y todos preferimos gustar a ser odiados. Así que ¿por qué preocuparse? Ser la chica/o simpático de la oficina es lo hace que nuestra vida sea más sencilla. Nadie aprende, nadie mejora y todo parece funcionar sin problemas hasta que llega el momento en que todo va muy, muy mal.

Por otro lado, también es muy fácil decir que “no” de forma sistemática como medio para ejercer nuestro poder sobre los demás. Cuando decimos que “no” sólo porque tenemos más conocimiento, recursos o fuerza nos convertimos en “matones necesarios”. Creamos frustración que se convertirá con certeza en conflictos innecesarios. No aprendemos, no mejoramos, simplemente abusamos de los demás.

Es difícil decir “no” por los motivos correctos. No para sentirnos más poderosos o para sentirnos partes de un grupo sino porque la situación lo requiere y realmente nos preocupamos por la empresa de la que formamos parte.

Decir que “no” por el bien de todos es un camino duro. Algunos se enfadarán, las cosas se complicarán y es posible que en más de una ocasión seamos rechazados y acabemos frustrados.

Pero aquellos que que toman este camino son los que mejorarán las cosas. Porque, eventualmente, encontrarán un lugar donde se pida su ayuda. Allí, los demás entenderán que para obtener un “sí” realmente valioso a veces necesitamos mil “nos”.

Artículos que han inspirado esta entrada:
No one to say no por Seth Godin

Las Juntas tóricas de España por Jesús Fernández-Villaverde

Publicado en Sentido y trabajo

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