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Armir despierta

Armir abrió los ojos. Sus ojos reflejaron la tímida cabellera del sol despuntando tras el horizonte y el azul naranja de un cielo que es el espejo del tránsito entre dos mundos.

El olor de la sal marina se apoderó de su cuerpo y Armir sintió que los granos de arena bajo su espalda también eran mar, que las olas del viento surcaban el espacio sobre su cabeza, que los primeros pájaros de la mañana navegaban en un fluído que lo es todo.

Armir se incorporó lentamente sobre sus codos y volvió a entornar los ojos. El mundo le saludó con un halo de resplandor que envolvía en un abrazo todas las cosas. Armir inspiró y a su suspiro le siguió el rumor de los árboles del bosque a su espalda.

El cuerpo de Armir estaba entumecido por la noche al raso. Armir jugó a no tener cuerpo y así la mirada de Armir pasó a flotar sobre su cabeza y a pasearse llevada de la mano del viento. La mirada de Armir se convirtió en la mirada del Universo y contempló la Belleza.

La Belleza le saludó en silencio para condensarse en apenas una gota de mar que brotó de los ojos de Armir, para acariciar su mejilla.

Publicado en Poesías

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