Saltar al contenido →

El brillo azul

Oscuridad hoy y oscuridad siempre desde el inicio de mis tiempos. Una negrura inhóspita y prácticamente opaca, apenas atravesada en ocasiones por insinuaciones de sombras fugaces. Sombras de esperanza en ocasiones, sombras amenazadoras casi siempre.

Noche y frío a mi alrededor. Intento emitir un sonido, pero ninguno surge de mi garganta. Me abrazo las piernas escondiendo la cabeza entre las rodillas y ahí espero, solo, sin tiempo, perdido.

Una ligera brisa y algo me dice que debo caminar. Nada que indique la presencia de un camino y sí la certeza sólida del terror a un abismo inesperado. Me levanto, empiezo a caminar despacio, sudando de incertidumbre con cada paso.

(…)

Vi mis manos, mis brazos y quise abrazar el mundo. Solo entonces me di cuenta de que el mundo era enorme, inmenso. Suspiré y miré a las gemas doradas que se alzaban sobre mi cabeza. Entonces sentí que no me encontraba solo y fui yo el que sintió el abrazo del mundo mientras una lágrima se asomaba, intentando atrapar la belleza que rodeaba mi ser.

Entonces, cerré los ojos, o quizá los abrí. Todo era nuevamente oscuro y frío, la certeza del abrazo del mundo se desvanecía con cada latido y me sentí sólo. Suspiré, noté la lágrima posada en mi mano y me levanté imaginando que la miles de estrellas marcaban el camino y que ningún abismo podría detener mi avance.

Cierro los ojos y veo la playa, me saluda el mar. Me levanto, camino, el peso de mi cuerpo crea una huella en la arena bajo un cielo tan azul…

Publicado en Relatos

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.